La calidad de los servicios está íntimamente ligada a la ética profesional. La actualización de los conocimientos, como parte de ella y la utilización de la tecnología apropiada, son requisitos indispensables para una buena prestación de salud. La buena atención, comienza con una correcta y libre relación paciente-odontólogo y continúa con la realización de un plan de tratamiento apropiado que contemple integralmente las necesidades de salud del paciente; los planes de tratamiento, se ven comúnmente afectados y con ello la calidad de los servicios, cuando las instituciones prepagas , empresas prestadoras o las Obras Sociales regulan el número de prestaciones mensuales que pueden practicarse al paciente, o cuando imponen topes de facturación mensual, actitudes estas que suenen más a resguardo de intereses económicos, que a la valoración de la importancia de la salud del paciente. A la atención regulada, se la relaciona con la sub-atención a los pacientes, lo que trae como consecuencia el agravamiento de los problemas que afectan al mismo; es por eso que podemos afirmar que condicionar la labor profesional influye negativamente sobre la calidad de las prestaciones, contrariando de esta manera los objetivos de salud que se pretenden brindar. Otro tema de importancia que hace a la calidad de los servicios y al respeto por los pacientes y profesionales, se pone de manifestó cuando las empresas compiten entre sí, y en su afán de obtener los contratos con Obras Sociales u otras entidades prepagas, pactan pagos mensuales o capitas vergonzosas, que nada tienen que ver con los costos reales de los servicios calificados que se deben brindar poniendo de esta forma en riesgo la salud de las personas. No se puede hacer negocio con la salud y menos aún, usando como variable de ajuste el pago mezquino por el trabajo profesional, y la disminución o deterioro de los servicios brindados a los pacientes. La capacitación permanente de los profesionales, la actualización de la tecnología apropiada, y todo aquello que hace a la excelencia en salud, se logra a partir de una retribución justa. La salud, no se debe poner en subasta, no es una mercancía renovable, es un bien supremo. En salud, cuando se habla de calidad, sólo hay una, la mejor. La esencia de las profesionales de la salud, es la salud del paciente; cuando como profesionales, la defendemos nuestra propia razón, se ser. Creemos que la profesión equivocará el camino y no encontrará soluciones razonables, si elegimos, a través de nuestras instituciones convertirnos en competidores de estas empresas, puede para ello, deberíamos usar mecanismos y conceptos de salud, que son contrarios a nuestra esencia filosófica, la cual privilegia, desde lo legal y gremial, la libre elección del profesional por parte de los pacientes, la libre asociación y el respeto por los valores éticos y solidarios. Nuestra filosofía de salud está marcada por la solidaridad, considerando el paciente como un ser humano, que necesita atención de salud y no como un consumidor de salud. Estamos poniendo en riesgo nuestra profesión al permitir contrasentidos, tales como que en un Estado que promueve la libertad del ejercicio profesional, la competencia abierta, la desregulación de precios y aranceles y la calidad de los servicios, predominen las entidades cerradas que limitan el trabajo profesional, regulan e imponen aranceles unilateralmente, sin considerar los estudios de estructura de costos de las prestaciones, fijando para ellas, en muchos casos, valores indignos y establezcan en sus contratos cláusulas restrictivas que atentan precisamente contra la calidad de los servicios que se quiere preservar. Por lo expresado podemos afirmar que: LOS SISTEMAS ACTUALES DE PRESTACIÓN, ASÍ ESTRUCTURADOS, LIMITAN LA INDEPENDENCIA EN EL EJERCICIO PROFESIONAL EN SU FAZ TÉCNICO-CIENTÍFICA, LABORAL Y ÉTICA, Y DETERIORAN LA CALIDAD DE LOS SERVICIOS BRINDADOS PONIENDO EN RIESGO LA SALUD DE LOS PACIENTES.

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